Selena rompe su silencio para ELLE Magazine

Selena será la portada de la edición de octubre de ELLE Magazine. En la entrevista realizada para la revista, habla de su nueva casa, su nuevo trabajo como voluntaria para A21, dónde se encuentra ahora mentalmente y su relación con internet y las redes sociales. Además, anuncia el nombre de una de las nuevas canciones de su próximo disco y ofrece detalles de otras dos. A continuación puedes leer la entrevista entera traducida:

Selena Gomez no ha desaparecido. No exactamente. Pero en los pasados meses, la persona más seguida de Instagram (140 millones y contando) se ha borrado a sí misma de los tabloides. En enero, Gomez se mudó discretamente al Condado de Orange, donde ella y una amiga de la Iglesia Hillsong, Raquelle, viven juntas. “Fue toda una liberación. Los Ángeles se ha vuelto realmente claustrofóbica para mí. No puedo hacer nada de lo que hago aquí en LA. Es imposible”, dice.

Después de vender su casa de Calabasas, de 3.3 millones de dólares a French Montana, ahora ha puesto a la venta su casa de Studio City por 2.8 millones de dólares. (Su mansión en Texas, una de las casas más caras cerca de Fort Worth, está a la venta por 3 millones.) Estamos sentados en una cafetería, y Gomez, que va vestida con un mono vaquero, con su pelo recogido para atrás por un pañuelo, abre un tupper de ensalada de pasta. “Creo que todo en mi vida está sufriendo recortes, en el buen sentido”, dice. “Estoy volviendo a la simplicidad. Esto es lo que he sido siempre. No es que esté diciendo ‘Me siento mejor que nunca'”, continúa. “Lo que quiero decir es, ‘Estoy exactamente donde debo estar. Y estoy tan feliz por estar en este lugar’. Lleva un montón de auto-descubrimiento. ¿De los 20 a los 26? Oh Dios mío. Me siento como una persona totalmente distinta”.

¿Cómo? “Durante un tiempo, hice ciertas cosas porque tenía que hacerlas. Por ejemplo, una de mis amigas me miró un día -estábamos comiendo, y creo que había comprado algo, y ella me miró y dijo, ‘¿Te sientes lo suficientemente válida?'”.

Eso es bastante duro. “No, ¡es la verdad!”, dice. “No soy una persona materialista. [Mis amigas] no me juzgan en ese sentido. Me gusta recibir masajes, me encanta tener cosas bonitas… es solo que, ¿está conectado a lo que valgo? Puedes comprarte algo bonito para sentirte bien. ¿Pero eso es lo que valgo yo como persona?”.

Estas son preguntas estimulantes. Y son un indicio de dónde se encuentra Gomez estos días. Porque lo cierto es que ha cambiado algo más que su dirección de correo. Es una cantante, actriz, productora y diseñadora de moda (su segunda colaboración con Coach debutó en agosto) y ahora ha añadido un nuevo rol a su variado currículum: becaria.

¿Cómo dices?

Hace unas horas, en el aparcamiento de una oficina, nos hemos reunido en A21, la ONG global contra la trata de personas en la que Gomez ha estado trabajando como voluntaria. La oficina en el sur de California (hay 14 oficinas en todo el mundo) no aparece en los mapas, y el sitio web no incluye la dirección. Es una medida de precaución, me dice Laura Staph, coordinadora de voluntarios global de la organización. Pero Staph me ha invitado dentro del acristalado espacio abierto, donde docenas de empleados se sientan enfrente de sus ordenadores.

Sobre su reticencia a hablar abiertamente de su trabajo aquí antes del día de hoy, Gomez dice: “No iba a empezar a hablar de ello inmediatamente. Está fuera de mi zona de confort. Necesitaba estar completamente inmersa en ello”. Sabe lo que estás pensando. “Qué cosa más genial está haciendo otra celebrity…”, dice con una sonrisa. “No es por eso por lo que quiero hablar de ello. No puedo mantenerme en silencio sobre esto”.

Gomez empezó como voluntaria aquí en marzo por invitación de la cofundadora Christine Caine, que es también miembro de Hillsong Church, quien invitó a Gomez teniendo la corazonada de que la estrella del pop quizá se sintiera inspirada por su misión. A21 recientemente ha colaborado con el Departamento de Transportes de EEUU para lanzar, “Can You See Me?”, una campaña multiplataforma para despertar conciencia sobre la esclavitud. Lo que Gomez aprendió en su primera visita a A21 le conmocionó. “La idea de la trata de personas para mí es… Estoy estupefacta”. Gomez recita de un tirón estadísticas e historias de terror sobre mujeres siendo forzadas a la esclavitud sexual hasta que sus órganos fallan, o lugares en Tailandia donde los niños son vendidos en menús parecidos a los de los restaurantes.

La invitación vino después de un complicado 2017. Gomez, que padece la enfermedad autoinmune lupus, recibió un transplante de riñón ese verano. En otoño, se anunció que había roto con Abel Tesfaye, mejor conocido como The Weeknd. Pasó tanto Año Nuevo como San Valentín con su ex Justin Bieber, llevando a especulaciones sobre que la pareja había vuelto junta (Bieber, por supuesto, ahora está prometido con la modelo Hailey Baldwin). Gomez dice que a principios de este año, se sentó con “algunas mujeres increíbles que son muy cercanas a mí. Estaba siendo un momento un poco duro. Y las tenía todas ahí, animándome, y fue uno de esos momentos que imaginas cuando eres una niña y vas a hablar con tus tías y tu madre y estás, ‘Esto es lo que está ocurriendo en mi vida'”. Había estado yendo a una velocidad vertiginosa terminando su próximo disco, que podría llegar tan pronto como este otoño. “He estado trabajando durante tanto tiempo, y no quiero coger cosas en mi vida. Solo quiero servir”.

Poco después de esa charla franca, Gomez se encontró en una orientación de tres días en A21.

Me pregunto si el equipo alguna vez dudó sobre su compromiso. Gomez exclama, “¡Quizás!”, y su supervisora deja ir una carcajada.

Gomez inmediatamente empezó a trabajar cinco días a la semana (quedando pendientes compromisos en el estudio y, dice, reuniones con Puma en Alemania, con los cuales ha colaborado durante un largo tiempo). Obtuvo una dirección de correo y la llave de la oficina, como cualquier otro voluntario. Decidimos ir a esta cafetería no por accidente, sino porque “es a la que todos los voluntarios van”, dice, añadiendo con una carcajada: “Es nuestro Central Perk”.

Mientras su guardaespaldas nos conduce a “Central Perk”, me encuentro pensando sobre la primera vez que Gomez y yo nos conocimos -hace tres años, para su última portada de ELLE, cuando este segundo acto era todavía hipotético. Era 2015, y ella recientemente se había separado de su madre, que había sido su mánager, y había dejado su discográfica para firmar con Interscope. Se encontraba trabajando duro en su disco Revival, y esperaba que este le ayudara a dejar atrás su imagen de Disney. Durante un paseo por Calabasas, me contó cómo había convencido a su discográfica para enviarla a ella y a sus compositores a México, en busca de inspiración. Le recuerdo esa historia hoy -tres años más tarde, toda una vida- y se ríe, emanando una luz que parece nueva.

“Oh Dios mío”, dice. “Guau, ¿no es extraño? Me encontraba en un lugar curioso. Quiero decir, de eso van los veinte. Estás pensando, ‘Quiero explorar, y luego encontraré la inspiración. ¡Me sentaré bajo la lluvia!’ Y luego te das cuenta -al menos yo lo hice- que no se trata de que desaparezca de todas partes. Todavía llevo toda mi mierda conmigo”.

Gomez se encuentra envuelta en un cárdigan color beige de Free People, y podría ser confundida por cualquier profesional joven (bueno, uno con un guardaespaldas merodeando alrededor). “Kate [Young], mi estilista”-que también trabaja con Margot Robbie- “se ríe de mí. Dice, ‘Cuando estás conmigo, llevas ropa de diseñadores. Cuando estás con tus amigas, llevas Free People’. Me encanta la comodidad”. Gomez da crédito a Young por ayudarla a encontrar su estilo, vistiéndola con un traje de Saint Laurent en 2014 y poco después con un mono largo rojo de Valentino. En 2016, Gomez apareció en una campaña para Louis Vuitton.

Mira alrededor de la cafetería -un sustituto de su nueva vida. “Es tranquilo. Es raro. En el momento en el que cumplí 26, me sentí con 26”. Me río porque es la típica cosa que una persona de 26 años diría, pero entiendo a qué se refiere. “Ahora mismo”, añade, “me siento muy segura de dónde estoy. No me siento errática o inestable emocionalmente. O como si no pudiera manejar mis emociones, como solía pasarme. Es como entenderme a mí misma un poco más. Por supuesto, aún no me entiendo a mí misma del todo. Pero me siento bien”.

Este es un momento tan bueno como cualquier otro para preguntarle sobre trabajar con Woody Allen. Es difícil cuadrar la idea de que Gomez esté haciendo voluntariado para una organización que lidia con el tráfico sexual pero elige trabajar en una película de Allen, que ha sido acusado de abusar de su hija de siete años, Dylan Farrow, en 1992. (Allen nunca ha sido formalmente acusado, pero una oleada de actores han anunciado públicamente que lamentan haber trabajado con él). Para una modelo a seguir para chicas jóvenes, parece una elección rara. La madre de Gomez y compañera en producción, Mandy Teefey, sintió algo similar, publicando en Instagram a principios de año: “Lo siento, nadie puede conseguir que Selena haga algo que no quiere. Tuve una larga charla con ella sobre no trabajar con él y no caló”.

El año pasado, un periodista de Billboard le preguntó a Gomez si había considerado el pasado de Allen antes de firmar para A Rainy Day in New York, y su respuesta fue… no demasiado genial. “Para ser sincera”, dijo, “no estoy segura de cómo responder -no porque trate de alejarme del tema. [Los alegatos contra Harvey Weinstein] ocurrieron justo después de que hubiera empezado [con la película]. Aparecieron en medio de eso. Y eso significó algo, sí. Tuve que encararlo y discutirlo. Retrocedí y pensé, ‘Guau, el universo funciona de manera interesante'”.

Cuando le pregunto si hay algo que le gustaría decir ahora sobre el tema, declina. “Creo que es mejor no hacerlo”.

Ese comentario -o no comentario, realmente- es el tipo de leña que inicia un fuego alrededor de la Máquina de Indignación Online. Ella solía monitorizar todo ese feedback en tiempo real, y el ruido era incesante. Quería gritar: “¡Puedo hacer lo que me plazca! ¡No pongas palabras en mi boca!”. Pero ya no parece importarle. “No me meto a internet”, dice llanamente. “No me he metido en internet desde hace meses. No tengo mi contraseña de Instagram. No tengo apps en mi móvil, ni apps de edición de fotos. Tengo Peak, un juego mental”. (Gomez continúa actualizando su Instagram desde el móvil de su amiga, que tiene acceso a su cuenta).

“La razón es que para mí no es real”, añade. “Sé que mi voz es muy destacada, pero no me he despreocupado. Soy selectiva. En lo que a mi vida personal respecta, ¿alguien me ve tomando una copa de vino? Me importa una mierda. No trato de esconderme. Esa es mi vida. La vivo como quiero vivirla. Es sobre hacer un esfuerzo consciente -si puedo tener un momento para estar con mis amigas, aprovecharé ese tiempo. Así que no tengo nada de eso. Tuve que tomar esa decisión”.

Los paparazzi todavía la rastrean cuando está en LA. Después de que se anunciara que Demi Lovato, su amiga de la infencia, había sufrido una sobredosis, unas fotografías de Gomez, con apariencia triste, aparecieron en la red. Esto es seis días después, y Lovato todavía se encuentra en el hospital, al parecer debido a complicaciones de su sobredosis. Y es devastador. Gomez empieza a hablar sobre ello, y luego se queda sin habla. “Lo que digo es que me puse en contacto con ella personalmente, no hice nada público. No quería. Yo… la quiero. La conozco desde que tenía 7 años. Así que… eso es todo lo que diré”.

Nuestro tiempo juntos casi se ha terminado, y Gomez debe irse al estudio de grabación pronto, donde está ultimando los detalles de su álbum. Ha ido lanzando singles lentamente -incluyendo “Back To You”, de la segunda temporada de Netflix 13 Reasons Why, en la que también trabaja como productora ejecutiva. No fueron necesarios viajes inspiracionales a México, dice, solo paciencia.

Al principio habíamos planeado ir al estudio juntos, pero su equipo rechazó la idea, teniendo la sensación de que era demasiado pronto para compartirlo. Pero Gomez no puede evitarlo. Dice que la música es diferente a todo lo que ha hecho antes -dándose cuenta inmediatamente de que eso es algo que los artistas siempre dicen pero raramente cumplen. Llama a su nueva música “funky”. “Probablemente van a matarme”, dice, antes de pedirle a su guardaespaldas que suba el volumen y apretando el Play de un tema nuevo.

Una línea de bajo punzante aparece. Ahí está la voz de Selena, sonando segura; el tema parece más algo de Prince que de la chica que arrulló “Come and get it”.

“¿Ves?”, dice. Quiere demostrar que la música es una salida, y definitivamente lo es, pero hay algo más, creo. No ha querido hablar hoy de su vida amorosa -o en ningún momento, realmente. Y ciertamente no comentará nada sobre el compromiso relámpago de Bieber y Baldwin (ellos, también, están relacionados con Hillsong). Como su famosa amiga Taylor Swift, que reserva su veneno para las letras de sus canciones, parece que también Gomez quiere dejar que la música cuente dónde está su corazón.

Tengo que tomar notas rápidamente. Canta sobre eliminar a un hombre de su vida después de “1.460 días” y “limpiar mi pizarra”. “Without you”, canta “I don’t overthink it.” El puente va un poco así: “I’m drunk and I might as well tell you, Get you ooh ooh ooh out of my head now”.

No puede evitar cantar al mismo tiempo, pareciendo más feliz y más relajada de lo que ha estado en todo el día, y ciertamente más de lo que lo ha estado las otras veces que nos hemos reunido. La canción termina, y ella presiona el Play de un segundo tema -que también habla de su independencia, esta vez de un hombre que no la respeta. “Were my ambitions too high?” canta, declarando: “Baby, you’re so distant. Why don’t you recognize I’m so rare?”

Me habla de una canción en el álbum titulada “Flawless” (sí, el mismo título que el éxito de Beyoncé). “A pesar de todas tus imperfecciones, eres perfecto. No estás luchando. Soy yo animando a una versión más joven de mí misma. Incluso cuando eres imperfecto, incluso cuando te sientes inútil, eres perfecto. Es una canción que voy a cantar el resto de mi vida”.

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