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  Selena habla de su cansancio hacia Instagram y su salud mental e...
 

Selena será la portada del mes de abril de la prestigiosa revista Vogue en su versión estadounidense. Se trata de la revista de moda más importante del mundo, y es la primera vez que le dedican una portada, aunque en el pasado ha aparecido en las ediciones de Brasil y Australia.

A continuación os dejamos con el artículo íntegro traducido al español:

En una inusual lluviosa noche en Los Ángeles, Selena Gomez aparece en mi puerta con una gran bolsa de comida. Hemos decidido que la cena de esta noche sea una especie de tributo a sus barbacoas tras la misa de los domingos que ella recuerda de su infancia en Texas. Ya tengo el pollo cociendo en salsa verde y los pimientos oscureciendo en las llamas de los fogones. Todo lo que necesitamos son las famosas patatas con queso de Gomez -tan malas que son buenas, promete. Deja su bolso de Givenchy y pone encima de la mesa, en una sucesión llamativa, una bolsa de patatas congeladas, un bote de sopa de pollo Campbell, una bolsa de queso mexicano rallado y una lata de plástico de cebollas fritas.

“Apuesto a que pensabas que no íbamos a hacer esto realidad“, dice, y cuando le digo que real no es la primera palabra que me viene a la mente cuando contemplo esos ingredientes, ella responde con un estruendoso ataque de risa que ofrece un anticipo de las muchas encantadoras incongruencias de Gomez.

Pero real es precisamente lo que estaba esperando de Selena, igual que sus 110 millones de seguidores en Instagram (Selenators, como se les conoce). Por supuesto, los viejos códigos de los famosos han desaparecido hace tiempo, el cascarón de glamour intocable ha dado paso a la era de “Son como nosotros”. Pero el tipo de Gomez ha ido más allá, usando sus móviles para generar un estrellato que parece decir no solo “Soy como tú”, sino “Yo soy tú”.

“La gente quería desesperadamente que fuera auténtica”, dice, poniendo una tortilla en aceite chisporroteante, “y cuando eso finalmente sucedió, fue una gran liberación. No soy distinta a como me presento allá afuera. Me he mostrado muy vulnerable con mis fans, y a veces he dicho cosas que no debería. Pero tengo que ser sincera con ellos. Creo que esa es una parte importante de por qué estoy donde estoy”. Gomez sigue su turno sin filtro hacia la canción que lanzó en 2014 llamada “The Heart Wants What It Wants”, una balada sobre amar a un chico que sabe que no trae nada bueno. El título proviene de una carta escrita por Emily Dickinson, aunque Woody Allen reintrodujo la frase cuando la usó para describir su relación con Soon-Yi Previn. Podemos asumir que Gomez se está refiriendo aquí a Justin Bieber, con el cual acabó una relación de tres años en el tiempo en el que la canción fue lanzada.

Si tienes más de 30 años y te sientes de alguna forma desconcertado por la fama de Gomez, incapaz de relacionarlo con ninguno de sus trabajos artísticos -aparte de las numerosas canciones pop y un cameo en La gran apuesta en la que, haciendo de sí misma, explicaba las obligaciones de deuda colaterales, entonces quizá quieras ver el vídeo de “The Heart Wants What It Wants” (llegarás tarde a la fiesta; recibió más de nueve millones de reproducciones en sus primeras 24 horas). Antes de que empiece la música, oímos la voz pregrabada de Gomez: “Sintiéndome tan segura, sintiéndome genial conmigo misma”, dice, mientras su voz se rompe, “y entonces me encuentro hecha añicos por una cosa. Por una cosa tan estúpida”, solloza. “Pero entonces me haces sentir que estoy loca. Me haces sentir que es mi culpa”. Hay magia en la manera en la que te hace sentir, como si estuvieras compartiendo su sufrimiento. Una mina de oro para un Selenator.

Gomez crea una playlist -Dolly Parton, Kenny Rogers- y de vuelta a la cocina, hay que montar un guisado de chile relleno, enrollar enchiladas, y mezclar sus patatas con queso. Mientras paso un delantal por encima de su melena color marrón chocolate, por la cual Pantene le ha pagado millones, y lo anudo alrededor de su diminuta cintura, me pregunto si sus legiones de fans han sentido durante años la misma punzada de actitud protectora que estoy sintiendo yo ahora. Incluso cuando ella proyecta fuerza y confianza, Gomez no es rácana en fragilidad. “He llorado en el escenario más veces de las que puedo contar, y no soy una llorona adorable”, dice. El pasado verano, después de su Revival Tour por Norteamérica y Asia, con más de 30 conciertos pendientes, canceló todo abruptamente y se encerró en un centro psiquiátrico en Tennessee. (Esta fue la segunda vez que Gomez había cancelado una gira para ponerse en tratamiento; en enero de 2014, poco después de haber sido diagnósticada con lupus, pasó dos semanas, en the Meadows, un centro de Arizona en el que también han estado Tiger Woods y Kate Moss). La causa, dice, no fue un problema de adicción o un desorden alimenticio o agotamiento, exactamente.

“Las giras son algo solitario para mí”, explica. “Mi autoestima estaba destruida. Estaba deprimida, con ansiedad. Empecé a tener ataques de pánico justo antes de subirme al escenario, o justo después de abandonarlo. Básicamente sentía que no era lo suficientemente buena, que no era capaz. Sentía que no estaba dando nada a mis fans, y que ellos podían verlo -lo que ahora pienso que era una completa distorsión de la realidad. Estaba tan acostumbrada a actuar para niños. En los conciertos solía hacer que el público alzara sus meñiques y hacíamos una promesa de meñiques de no permitir nunca que nadie les hiciera sentir que no eran lo suficientemente buenos. De repente esos niños están fumando y bebiendo en mis conciertos, veinteañeros, treintañeros, y los miro a los ojos, y no sé qué decir. No podía decir, “¡Chicos, vamos a hacer una promesa de meñiques de que sois maravillosos!” No funciona de esa manera, y lo sé porque yo estoy lidiando con la misma mierda con la que ellos están lidiando. Lo que quería decir es que la vida es tan estresante, que tienes el deseo de simplemente escapar. Pero no había solucionado mis propios problemas, así que sentía que no tenía sabiduría que compartir. Y quizá pensé que eso es lo que todo el mundo estaba pensando. Es una pérdida de tiempo”.

El 15 de agosto, Gomez publicó una foto dramática: su cuerpo desplomado sobre el escenario, bañado en una beatífica luz. Ya representara agonía o éxtasis, acumuló más de un millón de comentarios de fans. Sería su última publicación en Instagram durante más de tres meses. Voló hasta Tennessee, entregó su teléfono móvil y se unió a un puñado de otras mujeres jóvenes en un programa que incluía terapia individual, terapia en grupo e incluso terapia con caballos. “No te imaginas cómo de increíble fue estar solo con seis chicas”, dice, “a la gente real no le importaba un pimiento quién era yo, estaban luchando por sus vidas. Fue una de las cosas más duras que he hecho, pero también fue una de las mejores”. Permaneció allí durante 90 días, haciendo su primera aparición pública post-tratamiento el pasado noviembre en los American Music Awards, donde recogió el premio a Artista Femenina Favorita Pop/Rock, y dio un sentido discurso sobre su lucha, que pronto se convirtió en viral.

 En la sala de té del hotel Peninsula Beverly Hills, niñas en delantales y camisetas rosas están sentadas en sofás, bebiendo zumo de manzana con gas en copas de champán. Una por una se acercan a nuestra mesa, la timidez sustituida por risas entusiastas cuando Gomez elogia sus bonitos vestidos y las invita a sentarse con ella para una foto. Su infinita paciencia con estas intrusiones es algo entre un hábito y un principio. “Alguien con el que solía salir siempre se frustraba mucho conmigo por esto”, dice, presumiblemente refiriéndose a Bieber, cuyo nombre no pronunciará. “Pero me cuesta decir que no a los niños”.

Donna Gigliotti, que produjo Los principios del cuidado, un drama de 2016 en el que Gomez interpreta al interés amoroso de un chico con distrofia muscular, recuerda las multitudes de niños preparados para sepultarla en el exterior de su set incluso en la rural Georgia. “La adoran porque ella es tan generosa y tan auténtica”, dice Gigliotti. “Admito que al principio no entendía su gran fanbase. Ahora la veo como una especie de feminista de tercera generación. Es adorable y coqueta y graciosa, pero también es poderosa y fuerte. Creo que sus fans jóvenes se vuelven locos por esa combinación”.

“Hay una vulnerabilidad sobre Selena”, dice Paul Rudd, su compañero en Los principios del cuidado. “Ella nunca intenta impresionar a nadie ni venderse a sí misma. No se da aires, y se tomó bien los largos días en condiciones incómodas. Nunca sabrías que es tan famosa por la manera en la que se comporta, lo que, a mi parecer, es una gran clave de su atractivo”.

Con apariencia de muñeca en fotos pero con una apariencia que quita el aliento en pesona, Gomez una vez fue descrita por su buena amiga Taylor Swift como “una persona con 40 años y 7 años al mismo tiempo”. Creció en Grand Prairie, Texas, criada por una madre soltera que tenía 16 años cuando ella nació. Gomez recuerda que le pedían que metiera la mano entre los cojines del coche para buscar monedas y poder comprar envases de ramen. Pero a los siete años aterrizó en el programa infantil Barney y sus amigos, que se rodó en Dallas. A los doce era una de las actrices jóvenes de Disney, elegida entre miles de aspirantes. A los trece su mudó a Los Ángeles con su madre y su padrastro, y el año siguiente Disney le dio el papel principal en Los Magos de Waverly Place, una comedia sobre una familia de magos que tiene un restaurante en Manhattan. La serie fue un éxito, y Disney hizo lo que suele hacer, avivando el talento de Gomez a través de la música y las películas, con su madre, Mandy Teefey, continuando como su mánager (Gomez firmó con una empresa de management en 2014, después de su primera crisis mental, pero continúa desarrollando proyectos junto a su madre y valora su opinión por encima de cualquier otra). “Trabajé con Disney durante cuatro años”, dice Gomez. “Era una máquina muy controlada. Saben lo que representan, y había una manera de hacer las cosas, 100%”.

Ninguna estrella infantil disfruta de un paso fácil a la adolescencia, y Gomez luchó para mudar de su débilmente alegre personalidad en Los Magos. “Para un chico existe una manera de rebelarte que puede funcionar para ti”, cree. “Pero para una mujer, te puede salir el tiro por la culata. Es duro no convertirse en un cliché, la estrella infantil que se ha echado a perder. Respetaba a mis fans y lo que tenía, pero también estaba descubriendo qué me apasionaba y cómo de lejos estaba dispuesta a ir”. La primera cosa que hizo después de Disney fue la estridente película de Harmony Korine, Spring Breakers, sobre cuatro estudiantes de universidad en una escalada de sexo, drogas y asesinato. (Gomez interpretó a Faith, que no tiene tanto estómago y regresa antes). “Mi madre quería que trabajara con un director que realmente me empujara”, recuerda. “Vi Kids, Trash Humpers, Gummo, y estaba como, Mamá, ¿estás loca? Pero fue divertido imaginar cómo te comportarías si te liberaras de esa cosa que te tiene prisionero. Soy una planta floreciente tardía. Crecí rodeada de adultos, pero si hablamos de salir, tener amigos -a veces realmente no sé nada más que mi trabajo”.

En retrospectiva, los éxitos en la infancia de Gomez siempre estaban teñidos de tristeza. “Mi madre dejó toda su vida por mí”, explica. “De donde nosotros venimos, no lo abandonas nunca. Así que cuando empecé a conseguir todo este éxito, siempre venía con un poco de culpa. Pensaba, ¿realmente merezco esto?”. Aunque ha aparecido en algunas otras películas desde Spring Breakers, Gomez ha disfrutado de un mayor éxito como cantante. Y aún así, la vida de cantante la agota. En los sets de películas, está rodeada por el conjunto y puede encerrarse en su personaje, pero en un concierto, todas las miradas están fijas en ella. “Es raro”, dice, “subirse al escenario y que todo el mundo sepa dónde estabas anoche”.

Con la gira y el tratamiento dejados atrás, últimamente Gomez se siente inusualmente relajada. La miniserie de Netflix 13 Reasons Why, que ella produce ejecutivamente, se estrena este mes, y aborda algunos temas cercanos a ella, sobre todos ellos el suicidio de adolescentes y la presión de las redes sociales. Hace ocho años, Gomez y su madre contactaron con Jay Asher, que escribió la novela en la que se basa la serie. Su título hace referencia a las trece razones por las que su protagonista, Hannah Baker, decidió quitarse la vida. “No sabía mucho sobre Selena en aquel entonces”, recuerda Asher. “Creo que vi Programa de Protección de Princesas para prepararme. Ella me explicó cómo de hondo conectó con el libro, que habla realmente sobre cómo no hay manera de saber con lo que la gente lidia. En nuestra primera reunión hablamos sobre Twitter, y recuerdo que me contó que existe esta idea de que se supone que los famosos no tienen que darse cuenta o prestar atención a lo que se dice sobre ellos. Pero ella no podía evitar que le importara”.

Gomez también ha estado en el estudio de grabación de vez en cuando, y en febrero lanzó “It Ain’t Me”, una canción grabada en noviembre, producida por el DJ noruego Kygo. Es tanto un himno para la pista de baile como una polémica en contra de la dependencia emocional. (“¿Quién te va a llevar por el lado oscuro de la mañana?”, canta, “No seré yo”. Unos años atrás, podría haber sido ella). Está colaborando con Coach en una línea de accesorios, a la venta este otoño, y Stuart Vevers, el director creativo de la marca, se reunió con ella recientemente en Los Ángeles para una lluvia de ideas. “Es un cálido e inclusivo modo el que Selena tiene con sus fans”, dice Vevers. “Esa es la naturaleza de su poder. ¿Qué firma de moda no querría acceder a eso?”.

No hay proyectos de películas y no hay presión por parte de su discográfica. “Para variar”, dice, “siento que no tengo que aguantar mi respiración y esperar a que alguien juzgue alguna de las cosas que estoy haciendo. No estoy ansiosa por perseguir un momento. No creo que haya un momento que tenga que perseguir”. Ahora mismo Gomez vive en un apartamento de Airbnb en El Valle de San Fernando y sinceramente no sale mucho de allí, excepto para salidas con sus amigas: una agente inmobiliaria, una especialista en tecnología, algunos amigos de la iglesia. “Creo que diecisiete personas tienen mi número de teléfono ahora mismo”, dice. “Quizá dos sean famosos”. Está tomando clases de español, que podía hablar con fluidez cuando era pequeña pero ha perdido, con la esperanza de grabar alguna canción en español en el futuro. Ve a su psicólogo cinco días a la semana y se ha convertido en una apasionada defensora de la Terapia dialéctica conductual, una técnica desarrollada para tratar desórdenes de la personalidad y que ahora se usa más ampliamente, con el énfasis en mejorar la comunicación, regular emociones e incorporar ejercicios de mindfulness. “Me ha cambiado la vida completamente”, dice. “Ojalá más gente hablara sobre terapia. A nosotras las chicas, se nos enseña a ser demasiado resistentes, a ser fuertes y sexys y guays y despreocupadas. También necesitamos sentir que se nos permite derrumbarnos”.

Apenas ha publicado en Instagram. De hecho, ya no tiene la app en su teléfono, y ni siquiera tiene la contraseña de su propia cuenta (ahora está en posesión de su asistente personal). A veces fantasea sobre desaparecer de las redes sociales de una vez por todas. “En cuanto me convertí en la persona con más followers de Instagram, como que me asusté bastante”, dice Gomez. “Se convirtió en algo que me consumía. Era el motivo por lo que me levantaba y acostaba cada día. Era una adicta, y sentía que estaba viendo cosas que no quería ver, como si estuviera metiendo cosas en mi cabeza que en realidad no quería que me importaran. Siempre termino sintiéndome fatal cuando miro Instagram. Lo cual es la razón por la que estoy un poco lejos de las cámaras”.

Bueno, no lejos de las cámaras del todo. Pocos días después de que se conocieran, Gomez voló hacia Italia con su nuevo amor, The Weeknd, y los paparazzi no tardaron en darse cuenta (también la ex de The Weeknd, la modelo Bella Hadid, que fue a las redes sociales y abruptamente dejó de seguir a Gomez). Cuando le pregunto a Gomez sobre el romance, me dice que todo lo que ha dicho sobre sus relaciones en el pasado ha terminado volviéndose en su su contra, y que no lo volverá a hacer.

“Oh, Mylanta! (parecido a Oh Dios mío)”, gime, observando a sus patatas con queso viajar alrededor de la mesa, una pequeña sensación de los simples placeres de casa. “Mira, me encanta lo que hago, y soy consciente de lo afortunada que soy, pero -¿cómo digo esto sin que suene extraño? Realmente no puedo esperar a que la gente se olvide de mí”.

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