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  Nueva entrevista y sesión de fotos para la revista GQ [TRADUCID...
 

Selena será la portada de la edición de mayo de la revista GQ. En ella, además de una espectacular sesión de fotos, se incluye un artículo sobre la cantante, que hemos traducido íntegramente para vosotros. En él Selena habla de su vida estos últimos años, sus nuevos proyectos en televisión, su participación en Saturday Night Live, su batalla contra el lupus y más.

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Una vez fue conocida por sus relaciones con Barney el dinosaurio y Justin Bieber, Selena Gomez se ha liberado de toda esa mierda prehistórica con un disco sexy y lleno de exitazos y nuevas películas con Seth Rogen y James Franco (sin mencionar su liderazgo en Instagram con 74 millones de seguidores). Pero esto es lo que realmente nos encanta sobre ella: Ha sobrevivido al desastre de la fama a una edad temprana —los trolls y los paparazzi, las malas rupturas y el agotamiento—y ha emergido de todo ello, bueno, más humana que nunca.

Selena Gomez no es realmente el tipo de persona cuyo nombre se suele citar, pero tiene una historia que le gusta contar. No es realmente una historia, en realidad—es más una anécdota. Es sobre una de esas noches que tienen cuando eres Selena Gomez, “cuando tienes a tu alrededor a cuatro personas y todo el mundo tiene una copa de champán, y alguien dice algo y se ríen pero no cuentan el chiste.” La fama—también conocida como el día a día para Selena Gomez—es “esa situación todo el tiempo.”

“O cuando P. Diddy me dio su ticket del aparcamiento una vez. ¿Sabes a lo que me refiero?”

Espera, no, no lo sé—¿por qué te dio su ticket de aparcamiento?

“Porque pensó que yo era la aparcacoches.”

¡¿Qué?!

“Sí.”

Sí. A qué surrealista vida se ha dirigido. Intenta imaginártelo por un segundo. Una vida determinada en su gran mayoría por decisiones que hizo cuando era adolescente —enormes decisiones con consecuencias como convertirse en una actriz desde muy joven, primero en Barney (una decisión que tomó hacia los 10 años), luego firmando como protagonista en Los Magos de Waverly Place para la compañía Disney  (una decisión que tomó hacia los 15 años), y luego, finalmente, la decisión de salir con la estrella juvenil Justin Bieber (una decisión que tomó hacia los 18 años), un joven aparentemente inocente que fue desde sus inicios como estrella en YouTube a tener un montón de tatuajes y utilizar como urinario un cubo de la fregona en sus cuatro años de relación con altibajos. Imagina un día—y esto le ocurrió a Selena Gomez hace solo unas semanas—en el que te conviertes en la persona más seguida de todo Instagram. ¡Setenta y cuatro millones de seguidores! ¡¿Quién es toda esa gente?! Algunos de ellos son fans de toda la vida, mayormente chicas jóvenes. Hay un gran grupo de chicos jóvenes también, algo inquietante, de cuyas motivaciones ella seguramente preferiría no pensar. Además de bots. ¡Muchísimos bots! Selena Gomez esta ahogada en bots.

Selena Gomez también se está ahogando en atención [mediática]. Lo sé, lo sé. Todos nosotros aquí, en la compleja industria de famosos a la que llamamos América hemos aprendido a ser especialmente escépticos con los famosos que se quejan o que parecen incómodos con su fama, ¿verdad? Pero Selena es un recordatorio. Tiene la sangre enfadada de los rockeros de los 90 corriendo por sus venas Disney. ¿Recordáis a Fiona Apple? ¿Temblando en el escenario de MTV, diciendo “Este mundo es una mierda” mientras sujetaba en su mano un Premio Moonman al Mejor Artista Revelación en 1997 como si fuera una maldición? Esa es Selena. Joven y absurdamente talentosa y dispuesta a echar abajo el sistema, a pesar de ser un producto de él. Precisamente porqueella es un producto de él.

Imagina tus veintipocos, tratando desesperadamente de cambiar de piel, como hace la gente de veintipocos, para convertirte en una persona nueva, más compleja y más interesante. Imagina intentar superar la vergüenza de ir a rehabilitación —a la que ella puede que fuera o puede que no fuera, más sobre ese tema a continuación—además de una enfermedad debilitante y auto-inmune, lupus, de la que fue diagnosticada hace tres años. Imagina intentar lidiar con todo esto mientras montones de personas —una industria del cotilleo multimillonaria, fans, periodistas que se parecen al que está escribiendo estas líneas—continúan tirando cubos de tu antigua vida hacia ti como en la escena con el cerdo y la sangre de Carrie.

El año pasado, sacó un disco adictivo y convincentemente sórdido, Revival, que aún en Febrero seguía teniendo dos singles persistiendo en el Top 10; también hizo un cameo brutal en una mesa de blackjack en La Gran Apuesta, anunció su propia serie de televisión con Netflix y el director de Spotlight Tom McCarthy, y está a punto de aparecer en Malditos vecinos 2.Y todo eso está bien. Es impresionante incluso.

Pero quiero contar qué es lo más interesante sobre Selena Gomez ahora mismo, en 2016, y es que—a pesar del mundo irreal del que viene—está trabajando muy duro para convertirse en una extraña poco hábil socialmente. En otras palabras, en una persona humana. Una humana que probablemente asfixiaría el último rinoceronte blanco de la tierra si eso le garantizara que no tendría que ser una figura pública nunca más. O al menos, una figura pública en la escala planetaria en la que se encuentra.

Ha pasado el pasado año y medio siendo compañera de piso con, a falta de una palabra mejor, las civiles—Courtney (¡una trabajadora sin ánimo de lucro!) y Ashley (¡una corredora de bolsa real!). Tenían una casa en Calabasas y hacían cosas normales: ver películas, tener fiestas de pijamas. Esta es una persona que vive en un apartamento en Los Angeles como una aspirante a actriz juvenil—ella y su madre, Demi Lovato y su madre, toda una pandilla de otros niños tratando de lograr ese objetivo, todos ellos viviendo juntos en L.A.. Pasó todos los años de formación de su vida sin acceso alguno a la normalidad, y ahora está reconstruyéndolo desde cero, saboreando cada una de las cosas cotidianas que se ha ganado de la misma forma que sus colegas saborean los Grammys.

¡Repartidores! Dice la palabra con fervor, deleitándose con su recién descubierta habilidad para usar un servicio de comida a domicilio, ahora que ella y Courtney se han mudado recientemente de vuelta a la ciudad desde Calabasas. (Ashley, que es mayor, ha adquirido su propia casa en busca de independencia.) Mientras tanto, habla sobre la fama y sus interacciones con otros famosos de la manera profundamente traumatizada en la que Marco Rubio algún día describirá su año presentándose como candidato a la presidencia.

“Es alguno de los dos extremos,” dice. “Tanto si vas a sucumbir a todo esto y estar rodeada de todo el ruido y disfrutarlo, como si vas a alejarte tanto como te sea posible de ello porque no confías en nadie o piensas que nada de esto es auténtico. Esa es la chica que soy.”

Lo que me recuerda el momento en el que Diddy le dio su ticket de aparcamiento.

“Mira, veo todo esto. No me importa—en realidad me reí histéricamente cuando ocurrió. Pero lo entiendo. Sé lo que es todo esto.”

Está intentando pensar en su película favorita de David O. Russell. Esa con Ben Stiller, dice. Hablar sobre películas parece tener el mismo efecto en Selena Gomez como un trago de espresso; casi empieza a vibrar. Saca su teléfono y busca a través de su librería—tiene como un centenar de películas en su móvil. Pasa de largo Fuera de onda y El diablo viste de Prada y El club de la lucha. Entonces la encuentra—“¡Flirteando con el desastre!”

Estamos hablando en la sala vacía de una bolera. Esta es la realidad para Selena Gomez, hacer negocios en habitaciones grandes y vacías—sé esto porque es todo de lo cual hemos hablado durante más de una semana, antes de quedar. ¿Dónde podríamos ir para tener una conversación sin que nos molesten? Las ideas flotaron: Un tugurio. Un barco para ver ballenas. El asiento delantero de un vehículo en movimiento. Finalmente, Selena Gomez decidió que el único sitio sostenible para quedar era este. Hollywood y Highland, centro de Los Angeles, una de las ciudades más vitales culturalmente en la historia de la civilización global, y estamos en una bolera un viernes por la tarde, sin jugar a los bolos. Es como si hubiéramos sido sellados herméticamente dentro de una fiesta de cumpleaños de un dieciseisañero.

Dice que desearía que siguieran haciendo películas como Flirteando con el desastre, lo cual es una cosa inquietantemente racional que decir para una persona de 23 años sobre una peli hecha en 1996. Dice que sabe que está muy cuesta arriba desde aquí, pero que si pudiera trabajar con cualquier director, sería [David O.] Russell. Él o David Fincher, lo que es significativo, porque Fincher es quizá el único director en activo ahora mismo que es (supuestamente, al menos) más exigente e intimidante que David O. Russell.

“Sé que tiene la reputación de ser intenso,” dice sobre Russell.

Saco el tema de una historia reciente sobre Amy Adams llorando en una de sus grabaciones. Resulta que ella conoce la historia mejor que yo. Fue en la grabación de—

“La gran estafa americana,” dice Selena, antes de que pueda acabar la frase.

Sí. Ella dijo que lloraba todos los días.

“Dijo: No todos los días, sino la mayoría de los días,” dice Selena, corrigiéndome otra vez.

¿Qué crees que dice sobre ti que leas esa historia y pienses, “Sí, necesito trabajar con ese tío”?

“Porque vi su actuación (la de Amy Adams),” dice Gomez, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Parece tan feliz y centrada diciendo esto.

“Hay una escena eliminada que ni siquiera está en la película y que creo que es la mejor escena que ella haya hecho. Dura cinco minutos, y es ella llorando y riendo histéricamente al mismo tiempo, y es tan precioso. Porque sé—es decir, no lo sé—pero  lo que quizá le ocurrió para llegar a ese estado. Y fue jodidamente alucinante. Fue precioso.”

Su pelo es tan brillante como la cola de un delfín. Lleva puesto un jersey ceñido de un color neutral y está sudando—es evidente, puedes ver las manchas de humedad que la gente como Selena Gomez se supone que no deben tener. Ella continúa disculpándose por ello, lo que es descorazonador, como si necesitara pedir permiso para ser humana como el resto de nosotros.

Ya ha aparecido en más de una docena de películas, algunas de ellas bastante buenas—piensa en ella en Spring Breakers de Harmony Korine, una película de la que está inmensamente orgullosa, dividida entre Dios y James Franco—pero habla de su carrera cinematográfica como si solo ahora estuviera realmente empezando. Un obstáculo que continúa, dice ella a la ligera, es su cara. Y es verdad. Parece como una niña en un cuadro; la forma de su cara es muy redonda. Su cara le ha dado mucho en la vida: Lo reconoce. Pero también está un poco harta de ella. “Soy joven, y parezco más joven aún. Así que los papeles a por los que quiero ir, son todo sobre cómo es la cara. Puedo actuar como si tuviera aún 16 años. Pero no funciona para las cosas que quiero hacer.”

¿Qué cosas quieres hacer?

“Quiero tener una experiencia en la que me vuelva un poco loca. Me gusta la gente que me presiona un poco.”

Una lección sobre Spring Breakers: Un hombre siempre acabará llevándose todo el crédito. Muchos de los elogios para esa película, y para la actuación de Gomez en ella, fueron para su director, Harmony Korine, mayormente por tener la idea de incluir a Gomez en primer lugar. (“Harmony quería alguien inocente porque pensó que sería más terrorífico,” dice Gomez. “Estoy de acuerdo con él.”) Gomez estuvo y está de acuerdo con esto; ella caracteriza la explotación de esa película como “mutua”—Korine la consiguió a ella, pero ella consiguió a Korine, un trato que volvería a hacer si se lo ofrecieran.

Otras experiencias han sido menos mutuas. Parte de su fatiga como famosa es que, durante un largo tiempo, muchas cosas sobre ella eran refractadas—era famosa por salir con Justin Bieber, o por haber sido un eslabón más en la máquina Disney. Durante años, dice, el punto esencial de todas las entrevistas que hacía eran de cualquier otro tema salvo, bueno, ella misma. Revival, que salió a finales del año pasado, iba a ser una reivindicación de independencia. (Las primeras palabras que canta Gomez son estas: I feel like I’ve awakened lately / The chains around me are finally breaking.) Es un álbum en solitario en su sentido más verdadero; Gomez incluyó a un solo invitado, el rapero A$AP Rocky, que aparece en el primer single de Revival, “Good for You,” una canción susurrante que da una pista de lo que hace a Gomez más interesante artísticamente. Este fue un movimiento sin rodeos del patrón de la joven estrella del pop que de alguna forma consiguió que pareciera real, puro, incluso un poco incierto. Ella es el fantasma en la máquina cuando se trata de su trabajo: Coge la típica cosa planeada y la vuelve discordantemente humana.

En octubre, Gomez apareció en la portada de Billboard, y Rocky es citado en el artículo diciendo, bueno…

¿Leíste tu perfil en Billboard?

“¿Ese en el que yo salía en la portada? Sí.”

¿Leíste la cita de Rocky en él?

Gomez parece perpleja. “¿Qué dijo?”

Así que le leo la cita: “‘Está desarrollando su sensualidad,’ dice el rapero, que no reconoció a Gomez cuando escuchó la maqueta. ‘No creo que esté un 100% ahí todavía. Probablemente ella solo se ha acostado con Justin Bieber, si eso.’ dice con una risita. ‘Pero sinceramente, ella no estaba buscando un número 1. Lo hizo para excomulgarse de su imagen. Eso es valiente.’ ”

“Sí,” dice ella. “Bueno, quiero decir, no lo sé. Simplemente creo que es parte de cómo es él. Y en fin, he hecho que él sienta que tiene derecho a tener su propia opinión al respecto. ¿Qué voy a decir?”

Pensé que sería hiriente que alguien con el que he colaborado saliera y hablara con autoridad sobre con quién o con quién no me he acostado.

“Peores cosas han dicho de mí.”

¿No te molesta oírle darse crédito, en cierto nivel, de lo que era arriesgado o interesante de esa canción?

“Bueno, no creo que la gente realmente lo vea de ese modo. No lo sé. Mi discográfica no quería que ese fuera el primer single. Era un poco más como un riesgo, y él mencionó eso cuando le envié la canción. Dijo, ‘Al menos lo estás haciendo. Eso está guay.’ Creo que eso fue lo que dijo palabra por palabra. Dijo, ‘Es guay que realmente ella lo esté haciendo.’ ”

Y aquí está la cosa, dice ella: Rocky realmente ayudó a reescribir la canción. “Hizo un poco de lo suyo en ella, y reestructuró el puente completamente. Y creo que él elevó completamente la canción.” Luego una mirada dura aparece en sus ojos. “Pero hay dos versiones.” En el disco, la estrofa de Rocky está incluida. Pero en el vídeo original para la canción—y a menudo en la versión que suena en la radio—la estrofa de Rocky es omitida.

“Hay una [versión] conmigo”—una larga y deliberada pausa—“y hay una con él.”

En octubre, “Good for You” alcanzó el No. 5 en el Billboard Hot 100, convirtiéndose en el primer single Top 5 de Gomez. De Rocky también.

Estamos teniendo esta conversación en un momento extraño para Selena Gomez. Es la primera semana de marzo, dos años después de muchos de los eventos que inspiraron Revival, cinco meses después del propio Revival. Ella no quiere hablar del pasado, incluso aunque una buena parte de lo que está haciendo ahora es una clara reacción hacia él. Pero la historia que ha contado—o que ha sido contada para ella, da igual—permanece intrigantemente borrosa.

La historia pública fue algo como esto: En enero de 2014, Gomez fue a rehabilitación, pero no—según su representante—“por consumo abusivo de drogas.” Luego ella salió de rehabilitación y rápidamente tomó caminos separados con su mánager (su madre), su discográfica (la filial de Disney Hollywood Records), y su casero (también su madre). En algún punto de ese año, también dejó a su novio, Justin Bieber. Se convirtió en una astronauta, orbitando su antigua vida a una tranquilizadora y triste distancia. Después firmó con una nueva discográfica, Interscope, y pasó el resto del año y parte del 2015 escribiendo y grabando Revival, que trata sobre—de una manera explícitamente imprecisa—este periodo de conflicto y confusión.

Revival salió en octubre, e inmediatamente Gomez fue forzada, para entrevistas para revistas como esta, a revivir los eventos que inspiraron el álbum. Habló un montón sobre descubrir por fin quién era, y lo agradable que era ese sentimiento. Habló sobre aprender a calcular sus propios movimientos. Y ofreció algunas aclaraciones: Lo que la llevó a Meadows, un centro de rehabilitación en Arizona, no fue un problema de alcohol o de drogas sino la enfermedad auto-inmune lupus. Mientras todo el mundo estaba especulando sobre un problema de drogas, ella estaba recibiendo quimioterapia, un modo común de tratar la enfermedad.

No tengo deseos de hacer que Gomez se sienta incómoda, pero tengo curiosidad sobre unas pocas cosas. Por ejemplo: ¿Por qué ir a un centro de rehabilitación para una enfermedad auto-inmune? ¡Por qué tolerar rumores maliciosos durante más de un año cuando un simple comunicado de los hechos habría hecho que todo el mundo desistiera con su salvaje y en ocasiones cruel especulación sobre lo que le estaba ocurriendo? Pero estas son preguntas que nunca llego a hacerle.

Esto es delicado, pero comenzaste el año del que estamos hablando en rehabilitación—

“No, no, no, no, no,” dice Gomez, cortándome. Aquí en la tenue luz de la bolera, su rostro es tan fluido y expresivo como un anillo que cambia de color según el estado de ánimo, y su reacción hacia cualquier pregunta es evidente mucho antes de que ella comience a contestar. Frustración y disgusto pasan ahora por su rostro como una franja de nubes. “Lo primero, esto es algo con lo que todo el mundo tiene fijación. Me diagnosticaron lupus. Mi madre tuvo un aborto muy público. Así que tuve que cancelar mi gira. Necesitaba tiempo para simplemente estar bien. Y estaba pasando por leucemia”—creo que aquí se refiere a la quimioterapia—“y fue a dos sitios diferentes para esos tratamientos. Es realmente frustrante, porque se me permite 100% tener eso, pero creo que la gente simplemente quiere tener un poco de—”

Vuelve a tomar control sobre sí misma. “Entiendo lo que estás preguntando”—a pesar de que aún no he preguntado nada—“pero lo que digo es que no creo que realmente importe.” Vuelve a hacer una pausa. “Mi pasado parece ser mucho más fascinante para la gente que mi futuro, lo cual me deprime.”

¿Por qué crees que es así?

“No lo sé. ¿Por qué te importa a ti?”

Respondo que me importa porque estoy interesado en cómo ha experimentado lo que ha experimentado. En lo que le ha hecho. Estar tan enferma tan joven, por ejemplo—es excepcional, de la peor manera en la que algo puede ser excepcional.

Como respuesta ella me cuenta una historia—la historia de la primera vez que le contó a un desconocido sobre su enfermedad. Casi dudo sobre si volverlo a contar, porque es una anécdota sobre una famosa visitando un hospital infantil, lo cual es algo muy admirable, pero ninguno de nosotros es ingenuo, ni particularmente inclinado a estar a la altura de nuestros respectivos clichés. Pero esto es lo que hace Selena Gomez. Ella de alguna manera humaniza el hecho de que una famosa haga una visita caritativa a un jodido hospital infantil. Encuentra lo verdadero dentro de esto. Así que ahí va. Ella está en el hospital.

“Y había un niño que no me miraba a los ojos para nada. Y yo llevo mis sentimientos en mi rostro, como habrás observado. Y no me importa, es como soy. Y quería atraer su atención, incluso aunque quizá era demasiado. Así que le dije, ‘Pregúntame lo que quieras.’ Y él fue la primera persona a la que le conté, además de a mi mejor amiga y a mi familia, porque me preguntó, ‘¿Has tenido que pasar por algo como esto alguna vez?’ Y yo le dije, ‘Tengo lupus. Estuve en la unidad de cuidados intensivos durante dos semanas y media. Estuve en esta misma habitación.’ Y esa fue la primera vez que me miró.”

Me mira imparcialmente, como diciendo: Esto es todo, o lo tomas o lo dejas. “Ni siquiera me gusta sentarme y darle vueltas a esta experiencia,” dice con cansancio. “¿Fue divertido? No. ¿Es divertido tenerlo? No.”

Es suficientemente elegante como para no remarcar el hecho de que solo está dándole vueltas a este tema ahora porque yo se lo he preguntado. Hasta más tarde, al menos, cuando le pregunto lo que creo es algo más inofensivo, sobre ella y sus amigos.

Esa transición desde ser una estrella adolescente relativamente conocida a ser un adulto—¿por qué es tan difícil? ¿Cuál es el demonio o la oscuridad que os está esperando a vosotros?

Ha sido paciente, controlada, suficientemente simpática, pero ahora puedo oír puro enfado en su voz. “Somos objetivos fáciles. Cada uno de los niños que han sido criados así son objetivos fáciles. Es asqueroso, porque es interesante para los adultos que estos chicos soportan cosas extrañas porque están descubriéndose, ‘¿Me gusta esto? ¿Amo esto? Quizá amo a esta persona. Oh, estoy expuesto a esto, la gente está observando cada uno de mis movimientos y esto y aquello por culpa de Instagram y Twitter y puedes encontrarlo en todas partes.’ Hay una diferencia entre ser un fan—hay una diferencia entre eso y lo que  tienes que hacer.”

Me estoy dando cuenta de que ese  aquí no es genérico, sino muy, muy específico—me está hablando a mí. El  que está sentado enfrente de ella, de unos 30 años, haciéndole preguntas que ella preferiría no contestar, sacando temas de los que ella preferiría no hablar.

“¿Porque es, no lo sé, divertido, quizás? Es como ver un accidente de coche cuando pasas al lado. Quieres verlo.”

Ella quiere decir:  quieres verlo.

¿Apretarías el botón de adelanto rápido en esta fase de tu vida, si pudieras?

“No, porque no soy tan estúpida. Y lo entiendo. Solo tengo que ser paciente. Está disolviéndose lentamente cuanto más mayor me hago. Y solo tengo que ser paciente y hacer grandes cosas con calidad, desde producir a cantar y a actuar. Y uno por uno, seré capaz de cambiar el diálogo y a la gente no le importará todo lo que me ha ocurrido.”

Menciona que está trabajando con su madre, Mandy Teefey, de nuevo. En nada relacionado con ser mánager, sino como compañera de producción. Están desarrollando la novela para jóvenes-adultos Por trece razones con Tom McCarthy y también está trabajando con la compañía de producción de Kevin Spacey en una serie que Gomez describe como “Entourage conoce a Girls”—irá sobre “aquello con lo que las chicas tienen que lidiar, incluso la percepción de la religión y cosas como esa, cómo te afecta, y cómo de impresionable es Hollywood.”

Es Teefey a la cual Gomez da crédito por la persona relativamente sana y no terrible que es ahora. Su madre tenía solo 16 años cuando tuvo a Selena—a veces Gomez piensa sobre este hecho, cómo sería haber sido una madre adolescente, como lo fue su madre. “Me pone el estómago del revés,” dice. Su madre le dio la religión—Gomez es discreta pero intensa sobre su fe cristiana—y también alguna pista de cómo habría sido ser una persona normal, creciendo en Texas, muy lejos de donde se encuentra ahora. Le pregunto si alguna vez se imagina esa vida, la que tendría si nunca hubiera dejado Texas, y ella dice que sí: “Me habría enamorado y habría ido a la universidad. Creo que a lo mejor ahora estaría pensando en tener una familia e hijos, a los 24 años, que sería este año. Sí.”

Ese sí aparece como algo a medio camino entre un suspiro y una oración, el sonido de la imposibilidad.

No existe un patrón equivalente por el cual Gomez se encuentre a sí misma, por supuesto, así que ella está decidiendo el camino hacia adelante por su cuenta, como lo ha hecho con básicamente todo lo demás en su vida durante el año pasado. Unas pocas semanas antes de que nos conociéramos, había participado en Saturday Night Live por primera vez. Fue un fin de semana de nieve a finales de enero—Hamilton y Broadway y el resto de la ciudad habían cerrado, incluido el metro, pero aún así SNL siguió adelante. Todas sus amigas fueron. Recuerda deslizarse a través de la ciudad vacía, la nieve cayendo, la policía escoltándoles por el camino. “Todas las calles estaban cubiertas, y no había ningún coche fuera,” dice. “Era precioso.”

Estaba interpretando su single “Hands To Myself,” en un pequeño camisón negro con el que puedes ver en TV que no está del todo cómoda. “Solo recuerdo estar realmente nerviosa, y ensayarlo en el escenario de alguna manera me asustó,” dice. Puedes apreciar cómo ocurre en TV: Ella sale y tú no sabes muy bien si lo va a conseguir hacer. Pero lo hace, y al final—búscalo, es la cosa más maravillosa—se desploma en una opulenta cama redonda que habían traído como parte del decorado del escenario y rompe a reír, ahí en la cama toda para ella, en televisión nacional.

¿De qué te estabas riendo?

“Creo que estaba un poco petrificada. Y luego cuando acabé y lo había conseguido, estaba como, ‘Oh Dios mío, soy una idiota. Simplemente diviértete. No es como si estuviera salvando el mundo al interpretar esta canción.’ Fue uno de esos momentos donde pienso: ‘Gracias a Dios.’ ”

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